lunes, 19 de enero de 2026

Promesas

No te deseo el mal, solo puedo desear que no le hagas a nadie lo que me hiciste a mí

El desprecio que me demostrabas no se va, a tu lado me sentía invisible 
Veo nuestras fotos y aún siento la tristeza de que mi amor no valiera suficiente para ti
Te di todo el valor que pude, evitaba quejarme de ti, hubo un tiempo en el que apenas lo sabía tu madre

Aún siento que hablabas bien de mí con algunos porque de lo contrario quedarías mal
Se me quedó ese pensamiento al llegar un día y escucharte decir a tu familia lo agradecido que estabas conmigo
Sin embargo, no hubo amor en tu voz, había recelo
¿Me odiabas por ser mejor que tú en algunas cosas? ¿Me despreciaste y humillaste solo para no sentirte menos?
Te admiraba por ser mejor que yo en ciertas otras cosas, eso era parte de mi amor
¿Será que te acostumbraste tanto a que te elogie al principio que cuando dejé de hacerlo por tu ego inmenso concluiste que no te servía más? 
¿Realmente pensabas que yo era menos que tú o solo fue un mecanismo de defensa, de protección?

Por mucho tiempo estuve dispuesta a vivir a tu sombra
¿Recuerdas esa noche en el sillón? Te dije bajito que te ayudaría a ser grande, que no me importaba yo, que solo me importabas tú y el cumplir tus sueños
Esa noche volvió a mí el once de diciembre
Te perdí el último respeto que me quedaba
Esa noche me rendí por los dos
Y concluí que te había cumplido 

Después, el piloto automático
Las ganas intermitentes de que funcione
Los momentos de felicidad fugaz, nuestra química inevitable
El amor propio que empecé a sembrar, como nunca
El amor que volqué en nuestra Seri
La vida que se nos venía encima, la sensación de escape y tu comodidad frente a mis silencios 

Pero el viaje fue más de lo que debería haber pasado
Te di más de lo que debería
Mi cansancio e impaciencia se juntaron con tu hostilidad y tu ego herido
Tu enfermedad, que nos golpeó a los dos aunque te cueste aceptarlo
Ambos perdimos algo en este viaje

Me pregunto qué pasará después, pero realmente no quiero teorizar, no quiero saber
Te cumplí, me quedaré con eso
Y pediré a la vida que tu felicidad no dependa de los demás


sábado, 10 de enero de 2026

Invitada

Esta vida
Esta vida que me atormenta
Esta vida no vale la pena ser vivida

Ni motivos ni señales ni deseos
Ni logros ni distintivos
Nada especial
Sin ser vista 
Sin sentido de vivir

De familia en familia 
Buscando encajar
Esfuerzo vano de pertenecer

Identidad cambiante
Identidad de ser cambiante
Identidad efímera

Esta vida
Ojalá fuera

lunes, 5 de enero de 2026

Existen personas que pisotean tu inocencia para luego despreciarte por haberla perdido

sábado, 27 de diciembre de 2025

Soothe my soul

Since thee is gone

I am but a traveler

Looking for my home 

Resting in places 

Where coziness is found


sábado, 8 de noviembre de 2025

Resiliencia

No las cuido yo, pero siguen vivas.

Las riego a distancia con la mirada.

Algunas habrán crecido torcidas, otras se habrán acomodado en formas que no les habré enseñado.

Se adaptaron.

Eso hacen las suculentas cuando las condiciones cambian.


Yo también me he adaptado, aunque a veces no sé si eso significa lo mismo que resistir.

Me pregunto si mis plantas me reconocen todavía, si algo en ellas recuerda las manos que las movían buscando la luz exacta.

Allá el sol les cae distinto; aquí, el invierno se les colaría hasta las raíces.

No quería tener nuevas plantas en esta ciudad.

No deseo encariñarme con algo que no sé si podré quedarme.


A veces miro las fotos. Esa Graptosedum, en su macetita bol, con las hojas gruesas y los bordes cobrizos.

La misma que una vez cayó al techo del vecino y sobrevivió tres meses al sol.

Tres meses sin agua.

Tres meses sin mí.

Y cuando la recogí, seguía ahí.

Como si el mundo no le hubiera pasado por encima.

Como si no necesitara cuidados para seguir siendo.


Yo no soy así.

A mí el abandono me deja huecos, marcas invisibles.

Pero tal vez eso también es una forma de resiliencia: seguir sintiendo, aunque duela.


Pienso mucho en eso últimamente:

en cómo algunas cosas sobreviven al descuido,

otras no.

En lo que se seca, en lo que se encoge, en lo que espera su momento para volver a abrirse.

Y en que estar lejos es como poner la vida en pausa, solo que el mundo no espera.

Las plantas siguen creciendo.

Los demás siguen cambiando.

Y una parte de ti se queda detenida en la versión que dejaste allá.


A veces quiero creer que mis suculentas crecen por mí.

Como si resistir fuera una forma de hacerme saber que no todo se muere cuando te vas.

O que la distancia también puede ser fértil.

Quizás eso sea la resiliencia, después de todo.

No tanto el aguantar los cambios, sino el aceptar que uno cambia.

Que el tallo se alarga, que el color se oxida un poco, que no eres la misma persona ni la misma planta que hace dos años.


Las miro en las fotos y me da algo entre orgullo y culpa.

Una mezcla que no sé cómo nombrar. Tal vez sea solo amor.

O el recuerdo de haberlo tenido.


Y pienso que, si las suculentas pudieran hablar, dirían algo simple:

no te disculpes por irte

que nosotras también aprendimos a vivir sin sombra, sin rutina, sin tus manos.


Quizás algún día vuelva y las encuentre distintas.

O tal vez no vuelva.

Mientras tanto, sigo mirando esas hojas gordas, tranquilas, llenas de agua.

Resistiendo por diseño.

Como si nada se hubiera perdido del todo.


martes, 4 de noviembre de 2025

El ser antisocial 
El desprecio por los ídolos

¿Qué se cuece en estos silencios?
Ni yo mismo lo sé